Agradecimientos a nuestros presbíteros: Estamos visitando las parroquias para entregar un cartel con una carta explicativa de lo que hacemos y de la experiencia que hemos tenido en el curso anterior. Agradecemos la acogida que nos han dado y la voluntad de poner el cartel en un lugar visible. Enviaremos por correo tradicional lo mismo que hemos entregado por mano a los párrocos de pueblos cercanos a Valencia.

Hemos elegido un camino. En él nos hemos encontrado con hermanos y hermanos dolidos con la vida, sin un rumbo espiritual que seguir, con dolores y vergüenzas, con heridas profundas llevadas en silencio a través de los años. No hemos querido dar un rodeo sino, detenernos para ayudar, levantar, consolar y por sobre todo, trabajar en la herida.

Porque hay heridas que no se ven y muchas veces son las más graves. Son heridas del alma, son dolores silenciosos que pesan como una mochila en cada corazón. No son heridas que sangran por lo tanto, nadie las ve. Lo peor es el silencio, no poder compartir abiertamente lo que nos ha pasado, tratando de mantener el ánimo y la sonrisa mientras la «procesión va por dentro» Muchas veces pensamos que nos van a comprender, que van al menos a estar cerca del sentimiento que nos embarga, que serán empáticos ante nuestro dolor. La sorpresa es que son muchas las oportunidades en que se nos «culpa» de lo que ha pasado y se nos culpa de no haber llevado una continuidad en nuestro matrimonio.

Sí, la herida está allí, no sangra pero duele.

Dios nos ha llamado a trabajar en esa herida. Como «heridos en combate», intentamos dar una mano a nuestro compañeros de camino porque nuestra herida la hemos aceptado, la hemos asumido, y desde nuestra disposición y las fuerzas que Dios nos da, hacemos lo que podemos para consolar a quien viene a este «hospital de campaña» que es la Iglesia.